Dedicado a mi amigo Juan Cáceres.
Nos dicen que somos la gata flora y es cierto. Nunca nos dan en el gusto y a veces lo queremos todo. Desde nuestra más tierna infancia cuando nuestros conflictos comienzan al ver la imagen de nuestro padre, deber es superarla si no queremos terminar convertidas en seres enigmáticos.
Cuando niñas jugamos al te doy y te quito con nuestro padre. Aprendemos a manipular, celar y cuidar lo que es nuestro. Así la madre entra en la competencia y todo lo que de ella surge puede ser odiado o amado, porque es la madre
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