Siempre que regreso de un café, sé que estoy triste inmensa y profundamente triste y entristecida además y no sé el por qué definitivamente jamás sé, con precisión lo que es si la luna que siempre coincide con mis escapadas a un café sola o la poca gente que sale por un café tarde o la pequeña brisa que se acomoda bajo mis piernas o el pájaro que pasa rondando mis ojos o la cigarra que elige cantar ese tema
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La hamaca se mecía entre dos paltos. Boca abajo sobre ella arrastraba las manos rozando las frutillas. En algunas vueltas lograba arrancar una y llevársela a la boca. Las chinitas que goloseaban sobre ellas subían por sus manos, abriendo nerviosamente sus alas y volviéndose a posar sobre los cardenales. Se daba impulso para alcanzar las petunias que estaban más lejos o espantar a la gata Trini, que ronroneaba de sueño, mirándola mecerse. Cada cierto tiempo, Huesito pasaba por debajo en
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Con manos imaginarias empuja, araña, rasguña. Cruelmente amortajadas, las otras no tienen espacio para elevarse.Las piernas imitan pasos veloces, apresurados, pero la punta de un zapato permanece atrapada al clavo del primer martillazo y el otro, el otro no lo siente. Usa su boca dura de hierro, articula aguijoneadas palabras para gritar. Un largo y pesado mutismo le ha condenado. Su lengua yace desmayada, amordazada, sin verbo para la huida.Aprieta los párpados buscando algo en su retina, y en la
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Se tragaba los cereales, los empujaba con sus dedos. Una pesada mano sobre el hombro la hizo girar. El envase rodó lejos. Sentía que mil ojos la atrapaban. Retrocedió haciendo reverencias hasta que estimó que ya podía correr. Desenfrenada fue a dar a la escalera mecánica. Gritó unos cuantos mierda empujando, y brincando de peldaño en peldaño hasta caer a los pies del guardia del primer nivel. Algo le molestaba más que el hambre inconclusa, la filuda uña de la
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Le costó despegar su frente adosada al vidrio, el calor la humedecía como medusa. Ya la habían sacado dos veces del restaurante. La primera le pareció raro que todos estuvieran resfriados. La segunda pensó, tanta gente asustada, debe ser caro comer aquí... pero no hay una sola mesa libre y se dejó llevar fuera. Lo intentaría de nuevo, quería dejarles un calendario. Estaba a punto de poner un pie en la puerta, cuando una sirena la ensordeció. Debe ser la
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¿Qué sombra es aquella que mata las orquídeas antes que abran y emanen aromas? ¿Qué mano invisible corta sus tallos antes que madure el estambre y derrame su néctar? Pimpollo maduro ¿dónde te has cegado de luz y de polen? ¿Qué jardinero ha esparcido en otro cáliz las gotas temblando de miel? ¿Dónde puedo esconder la fragancia para que las tardes moribundas y perfumadas de otras flores no confundan el aroma de mi pequeña orquídea? Mi delicada flor única, cubierta
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Me hace falta una gran biblioteca Unos cuantos mascarones de proa Una que otra falda larga mata pasión Una boina desgastada Colecciones de cuánta cosa extraña exista Una pose de poeta seria e intelectual Me apremia un cargo de cónsul en el Oriente Un amante, poeta y famosoUna volada en planeadoroler a mosto las noches gastadas Cartas, miles de cartas poéticas y sangrantes. Un destierro total y mudo.Me hace falta un libro parido a dolor en verso y metáforaDeslizarme en
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Mi matemático…es tan lógico, tan racional, metódico y sistemático... pero no entiendo, que insista en tener una foto mía y desnuda además Si puede abstraerse y percibir como desee Puede calcular el ancho de mis caderas con sólo recordar mis oscilaciones dibujando ángulos perfectos de noventa grados. Mi geómetra, para qué quiere ver una foto con ángulo de 45º y un diámetro tan grande de abertura, si puede recordar todas mis aristas congruentes con el vértice de mi grado cero.
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Esquinas, cualquier esquina Todas ellas invitan a curvar la vida el problema es que ... antes de cada esquina hay media cuadra muerta de antiguas y entrampadas esquinas que ladran por avanzar. Aún así… hay que doblar para sonreír, para llorar para intentar conocer y probar otras veredas. Sylvia Rojas P.Dedos de Carbón
Es para llorar que buscamos nuestros ojos Para sostener nuestras lágrimas allá arriba En sus sobres nutridos de nuestros fantasmasEs para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día Y sobre nuestra memoria de carne Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada [junto a la novia Escondemos nuestra voz de todas las noches Porque acarreamos la desgracia Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
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