Para Bai, marzo, 2006Y déjame preguntarte otra cosa, ¿no hay cómo volver el tiempo atrás? A veces me gustaría saber qué hacer, y poder responder las preguntas de toda esta gente que me interroga por ti y por los hechos. Qué hechos, les digo, los hechos ahí están. No hay vuelta atrás, y no me importa, y si algo así pasara, todo volvería a ser lo mismo. Tú, inventando, toda excusa, todo pretexto, todo él. Y yo, nada, volvería a
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Estimada señora,Lo primero, deberá usted disculpar la letra, y sobretodo, el papel. No están los tiempos para gastos. Lejanos están esos días en que la vida me sonreía. Justo cuando usted apareció. Yo terminaba de almorzar, los amigos palmoteaban mi espalda, otros me saludaban desde sus mesas. Y apenas la ví, quedé prendado, desde ese día y para siempre.Y te lo dije, ¿recuerdas?Caminé hasta tu mesa, tomé tu mano y te lo dije: El mundo está a sus pies mademoiselle.
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Estaba sola, pensando en tí, como hago a veces. Tranquila. Mirando el techo. La lámpara triste, llena de lágrimas. En silencio. Decidiendo si me paraba de la cama, tibia, sola, mía, y antes tuya. Pensaba en la nula conveniencia de pisar el suelo helado y caminar por las baldosas blanca roja blanca roja del pasillo blanca doblar y estirar la mano hasta el interrruptor prender la luz y buscar algo de pan que sabía que había en alguna parte pero
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Sentir el aire frío y contaminado de cada mañana al salir a trabajar. Caminar diez cuadras, todos los días. -Me hace bien, me miento, buenas piernas. Zambullirme en el metro, diez estaciones. Llegar apurada y pintándome, a amarrarme al escritorio. Trabajar con buena cara. Día sin novedades. Saber que falta poco. A las seis salgo. Me voy. De vuelta al Metro, a caminar de nuevo, meterme al local, como todos los días. Bailar, tratar de tomar poco, dormir lo que
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Cuando el flaco silbó supe al tiro que habían líos. Fue el silbido largo, ese guardado para los problemas grandes. O eran los pacos o eran los tiras. Pero fue peor. Era mi vieja.Fue la primera vez que me pilló. Llegó por detrás. Estábamos cerca de la cancha grande. El viejo era grande y feo. Ya lo tenía listo, con la mano en el marrueco, y él, dale con bajarme los calzones.Yo, casi alcancé a arrancar, pero el viejo quedó
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No te acerques mucho al borde. Pero él quería mirar, habían llegado hasta la cumbre, desde donde podían ver cómo la ciudad se movía, lenta. Lo habían planeado la noche anterior. Te hará bien, le decía ella, un cambio de aire siempre viene bien, trabajas tanto. Pero él no tenía ganas de paseos. Debía concentrarse. Habían pasado varias horas. Seguramente ya habían descubierto todo. Tengo que pensar, decía, debo pensar en algo. Fui un estúpido, no debería haberlo llamado. Habría
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La música sonaba mal. La cerveza se calentaba. La paciencia también. Me sentía confuso y un poco mareado. Todo mal. Pensaba en las oportunidades que me había perdido. En los planes que sólo funcionaban en mi cabeza. Las veces que me fui, que traté de irme. Todas las veces que siempre me alcanzaste. Las cosas que olvidé, unos cigarros, un disco, algunas huellas, la pena acumulada, las mañanas eternas, las flores plásticas. Ahora es noche. Siempre es noche. Ya llegó
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Alguien, una mujer, está escribiendo sus primeros posts, sus primeras líneas en un blog. Un día, navegando, descubre el blog de alguien, le gusta, lo lee, lo admira, lo revisa todo, comenta con otro nombre, no deja huellas.Se convierte en un hábito, cada vez que encuentra un computador lo lee, cada día le gusta más. Es una obsesión. Deja de escribir, solo lee ese blog. No sabe qué es, lo necesita, lo extraña, casi siente amor.Un día se sorprende y
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Hoy, de noche, sin poder dormir, escribo en este blog.Es una historia corta sobre una mujer.Alguien, lejos, y casualmente, lee la historia.Más lejos aún, la protagonista de la historia, desvelada, recuerda noches mejores.En un par de días, todos habremos olvidado este momento.Pero volverá a pasar.
Justo cuando toqué el timbre de tu casa me pareció verte en la ventana. Apenas abrieras te iba a decir unas cuantas verdades. Ni siquiera te podrías defender. Tenía testigos. La mamá te vio ese día con ella. Mi hermana habló con medio mundo para estar segura. Sé que vas a tener la misma cara de siempre. No moverás un músculo que te delate. Y vendrá primero la extrañeza, luego la rabia por desconfiar de ti, la indiferencia que manejas
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