Se puede recordar el amor Komako. Esa manera misteriosa de sentir nostalgia aún estando en presencia del objeto que la motiva. Se lleva en la memoria corporal esa sensación como un escalofrio o una inquietud que se parece al hambre.
La casa de las bellas durmientes (Fragmento)
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No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada pare¬cido.
Había esta habitación, de unos cuatro metros cuadra¬dos, y la habitación contigua, pero al parecer no había más habitaciones en el piso superior; y como la planta baja resultaba demasiado reducida para alojar huéspedes, el lugar apenas podía llamarse una posada. Probablemen¬te porque su secreto no lo permitía, el portal no ostentaba ningún letrero. Todo era silencio.



Decir que uno "descubre" la literatura oriental parece una torpeza tan grande como la de los europeos cuando dicen que "descubrieron" América. Pero ¿qué otro término usar para describir la perplejidad que desvela nuestras noches cuando la pluma lejana de un escritor japonés atraviesa nuestras mentes con la límpida fluidez de sus palabras? Es un descubrimiento, en el sentido más íntimo de la palabra. Aparentemente, lo descubierto ya estaba allí, antes que nosotros, y seguirá cuando hayamos desaparecido. ¿O no?