
Fue como si el cielo diera tregua, como si de pronto, por unos instantes, hubiera tomado la decisión de brindar espacio al sol y a la conciencia; a las escasas nubes, a muy escasas, maledicencias. Una luz de sol con sus rayos que definían de mejor manera el rumbo de los pies y de los acontecimientos. Dieciséis personas íbamos a entrar al llamado temascal o temascalli, casa de vapor o “estufa del espíritu” y sabíamos, una vez más, que era regresar a la matriz femenina, a buen recaudo entre los cinco elementos: agua, fuego, tierra, aire y eter y,
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