Hoy he visto un espectáculo triste e indigno.
Un anciano profesor de mi Facultad, tratando de pasar desapercibido,
caminaba lenta y trabajosamente, apoyándose en las paredes para no caer.
Si alguien se le acercaba apartaba con cautela la mano de la pared,
sonreía y saludaba, para luego continuar su penosa marcha, cuando creía
no ser visto.
Estuvo en eso mucho rato, y de cuando en cuando miraba con expresión
desesperanzada hacia la puerta de la Facultad, como si estuviera aun
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