En 1980, un crítico literario, semiólogo y estudioso del fenómeno de masas, llamado Umberto Eco, escribía un libro titulado ‘El nombre de la rosa’, una exploración hacia el mundo del misticismo católico que tanto le fascinaba a su autor, tanto como la pasión por las tramas de investigación a lo detective privado y todo es concepto de sondeo misterioso, por lo demás. Mezclando estos dos universos dio vida a una novela repleta de eruditismo en sus citas, en un idioma natural a la edad media y con personajes perfectamente definidos.
Sin siquiera esperárselo, a comienzos de los ‘80 Eco se transformó en un escritor de culto con su ópera prima. Vendió más 300 mil ejemplares, y en 1981 ganó el premio Strega. Con todo esto, cualquier adaptación cinematográfica del libro sería un éxito inmediato. Uno, porque la historia estaba estructurada con una perfección recalcada tanto en su ambientación como en sus personajes, y dos, porque cualquier productor o director hubiese querido hacerse cargo de la adaptación de un libro que, esperando vender solo mil ejemplares, sobrepasó su expectativas trescientas veces, fórmula que casi siempre funciona en el cine, y que estos señores muy bien tienen presente. Estábamos hablando de toda una obra maestra de la literatura, y para los lectores, funcionaba satisfactoriamente como una película, cosa que se hizo realidad en 1986, bajo la directiva del internacional e interesante Jean-Jacques Annaud.
Este señor se hizo cargo del film, y al momento de estrenar su visión audiovisual de "Il nome della rosa" -título original de libro de Umberto Eco-, vivió la misma gloria y fama que el autor de la novela habría experimentado seis años antes. Precisamente, no por la opción Nº 2 (cualquier productor o director hubiese querido hacerse cargo de la adaptación de un libro que, esperando vender solo mil ejemplares, sobrepasó su expectativas trescientas veces, fórmula que casi siempre funciona en el cine, y que estos señores muy bien tienen presente), si no más bien por la opción Nº 1 (la historia estaba estructurada con una perfección recalcada tanto en su ambientación como en sus personajes), elementos poderosos del film que Annaud logró ensamblar junto a una atmósfera precisa y un fiel casting para escoger a un elenco que, en su práctica, no podía estar mejor.
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