El poder de una sonrisa

Había un pequeño niño que quería
encontrarse con Dios. Él sabía que tenía un largo camino por hacer, así
que llenó su mochila con pasteles y
gaseosa, y empezó su andadura.
Cuando anduvo unas tres cuadras,
encontró un viejecito sentado en un banco de la plaza mirando los pájaros. El
niño se sentó junto a él, abrió su mochila, e iba a tomar un trago de gaseosa,
cuando miró al viejecito y vió que él estaba con hambre, entonces le ofreció un
pastel.
El viejecito muy agradecido aceptó y sonrió al niño. Su sonrisa era
(Read more)


