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La vida de alguna manera es deseo, es un constante movimiento hacia aquello que nos llena, nos satisface, en medio de un peregrinaje que nos lleva por valles y desiertos.
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Platón en el Banquete afirma que eros (que bien puede traducirse como el amor deseante) es hijo de la abundancia (poros) y de la pobreza (penia). Este doble origen hace que el deseo amoroso se mueva entre la plenitud más profunda y la carencia más desgarradora. El amante puede pasar del éxtasis del encuentro con su amada a la mayor penuria cuando ella se aleja.
Ese hermoso texto
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