
Hoy, los optimistas son pájaros raros. El mundo está plagado de pesimistas, agoreros de un mañana apocalíptico en el que tendremos que luchar con herramientas prehistóricas para conseguir alimento, agua y una esposa. Nuestro lenguaje se reducirá a miseros balbuceos y volveremos a vivir en cavernas, la economía volvera a la esencia del trueque, si es que logramos generar intercambios, antes de matarnos por quitar al otro lo que tiene y nosotros queremos. Los pronósticos sobre el mañana son generalmente preocupantes: las enfermedades son más resistentes a los fármacos, la tecnología nos quitará nuestros empleos, China crecerá tanto que se
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