–Más que la muerte, la matadora es la suerte–, alcanzaba a sentir Leno palabras de aliento que venían de su nana nonagenaria; última vez que aparecía aquella imagen diáfana, fresca, muy ufana desde lo recóndito de su conciencia. Distinguida señora que aún de muerta beatificaba con su santo y seña; su venia y sus consejos de olvido de pesar al de honda pena.
Palabras que lograban ahora distraer la atención de aquel escozor intenso que sentía en la boca de la panza; un fuego que impedía caminar; y ahora tumbado en la vereda, le apuraba olvidar ansias de
Me cuentan que ya se produjo el
encuentro, ése que debió haber sido, o nuestro o mío o tuyo, pero nunca de
ella.Pero, me insisten, está con ella.
Camino desorientada.Sé dónde están, donde estás con esa que no
soy yo y que debería ser yo.Tengo toda
la información, sólo es cosa de decidirme a ir.
¿Qué harías, si de pronto un timbrazo
te sacara de tu estado de bobo caliente, y tuvieras que abrir la puerta y
encontrarte conmigo, con mis ojos, con mi rabia, con mi pena, con mi cuenta
pendiente?¿Qué harías?
Me cuentan que ya se produjo el
encuentro, ése que debió haber sido, o nuestro o mío o tuyo, pero nunca de
ella.Pero, me insisten, está con ella.
Camino desorientada.Sé dónde están, donde estás con esa que no
soy yo y que debería ser yo.Tengo toda
la información, sólo es cosa de decidirme a ir.
¿Qué harías, si de pronto un timbrazo
te sacara de tu estado de bobo caliente, y tuvieras que abrir la puerta y
encontrarte conmigo, con mis ojos, con mi rabia, con mi pena, con mi cuenta
pendiente?¿Qué harías?
Me cuentan que ya se produjo el
encuentro, ése que debió haber sido, o nuestro o mío o tuyo, pero nunca de
ella.Pero, me insisten, está con ella.
Camino desorientada.Sé dónde están, donde estás con esa que no
soy yo y que debería ser yo.Tengo toda
la información, sólo es cosa de decidirme a ir.
¿Qué harías, si de pronto un timbrazo
te sacara de tu estado de bobo caliente, y tuvieras que abrir la puerta y
encontrarte conmigo, con mis ojos, con mi rabia, con mi pena, con mi cuenta
pendiente?¿Qué harías?
La primera vez que lo vi estaba horrenda, los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, con un puñado de pañuelos desechables apiñados en mi puño cerrado. La cita era formal y obligatoria, lejos de ser un encuentro fortuito entre dos desconocidos. Él, con sólo leer unas líneas sabía por que ambos estábamos ahí. No era el momento para pensar en la apariencia, las lágrimas seguían enrojeciendo mis ojos y en medio de sollozos cortados, la nariz moquillenta hablé un poco sobre el tema que nos convocaba y me guardé las ganas de desaparecer que tenía, aunque supongo, él, lo intuyó.
La próxima cita sería pronto. Fue fijada y me marché.
-¿Y qué tiene Él que te gusta tanto?- le preguntó seria mientras prendía un cigarro.
-Puta no sé, son muchas cosas- dijo
mirando el suelo como buscando una respuesta que la dejara satisfecha.
Sabía que su amiga no lo conocía bien, por eso se atrevía a preguntar
algo como eso. “No tiene idea”, pensó enojada.
Llevaban
horas conversando sobre lo mismo y aunque antes seguramente le
habría
parecido lo más latero del mundo esta vez no podía hilar una frase que
no lo tuviera a él de protagonista. Siempre le habían cargado esas
minas que no tenían nada mejor que
Sí, musa.La
poesía fue nuestro umbral, a través de un blog, el mío:mis poemas, que no eran míos, si no que son
aquellos que he ido recogiendo a lo largo de la vida.Esos que se van quedando como una melodía cargada
de palabras bien dichas.
El apareció un día y con muy mala ortografía comentó
algo como que odiaba la literatura, pero que algo le pasaba con los
poemas.Me intrigó y comenzamos a
dialogar.Cada uno en su pantalla.Me enamoré de su disrupción y él de mi
cultura poética.Mala (MUY MALA)
combinación.
¿El resultado?:Un encuentro raro, miradas, humo, pasta, vino y sexo.Y cuando despertamos, me dijo simplemente,
Musa.
Sí, musa.La
poesía fue nuestro umbral, a través de un blog, el mío:mis poemas, que no eran míos, si no que son
aquellos que he ido recogiendo a lo largo de la vida.Esos que se van quedando como una melodía cargada
de palabras bien dichas.
El apareció un día y con muy mala ortografía comentó
algo como que odiaba la literatura, pero que algo le pasaba con los
poemas.Me intrigó y comenzamos a
dialogar.Cada uno en su pantalla.Me enamoré de su disrupción y él de mi
cultura poética.Mala (MUY MALA)
combinación.
¿El resultado?:Un encuentro raro, miradas, humo, pasta, vino y sexo.Y cuando despertamos, me dijo simplemente,
Musa.
Un compañero de trabajo me entrego un archivo con más de 300 fotos de muy larga data de Potrerillos, su gente, sus calles, su cultura, su música, en fin de todas sus épocas, entre ellas venía este escrito de el Sr Gerardo Alday Molina "Caminos de Ilusiones - Los Quebradeños", que adjuntamos para su lectura y descarga.
Estas sentada al frente mío, escribiendo palabras que solo tú puedes entender para ganarte una profesión, sentada de una forma especial, algo curva, para que te mire y te pueda robar un ficticio hola o una inspiradora mirada aliñada, de esa mágica sonrisa que tienes.
Esa sonrisa que me ha envenenado las ganas de querer siempre mirarte, esperando nada o algo, o sea esperando.
Me he paseado como si estuviera preocupado de algo.
Algo que parece que eres tú, aunque una biblioteca casi amarillenta me tiene recordando cuando yo tenía que hacer lo que tu haces ahora.