
Silencio errante que prefiere alejarse, ya no tiene cabida. Los pájaros ya saben que el olvido no existe, no pueden olvidarse de su vuelo, de salir ignorantes por el mundo de las mañanas lívidas y somnolientas, de su eterno aletear, vagando sin ser dueños del tiempo, siempre buscando, siempre encontrando, siempre un eterno regresar interminablemente complicado.
Una mañana estática, fría, hostigosa de ausencias, apenas un trinar a la distancia, la distancia es aquí, es ahora, es ya mismo, regresando como todo regresa por las tardes.
El aire se sostiene en una nota ínfima, que casi
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