Digresión. La obra poética de Antonio Silva es un solo corpus orgánico y excéntrico desde su plutónico debut con
Andrógino (1996), en el cual inaugura un imaginario indiscutiblemente exótico donde las huérfanas y las indias rezan a la animita por un amor perdido, la geisha Li-Tsu toma sol en medio de cañas de bambú, las chicas de San Diego y San Franklin bailan tristes o llorando, la barca de Seth cruza el Nilo o se oyen las voces de los evangélicos que cantan con el cerro Chena de fondo. Este libro pasó desapercibido por la crítica de la época
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