No lo sabía, pero lo intuía. Lo había escuchado, pero no me lo habían dicho. Llegué a mi casa como cualquier día de semana, y estaban todos esperándome vestidos muy elegantes, pero con un toque de desorden (los hombres con la camisa fuera y las mujeres sin zapatos).
Sólo me abrazaron muy cariñosamente, como diciendo: "sabemos que es raro, pero todos sabemos que se entiende". Me hicieron pasar al living y en él, que es uno sólo con el comedor, había una mesa muy larga que deben haber arrendado. Un mantel blanco, copas, y detalles de esos que a los
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