
"Yo debo ser el más creyente de los agnósticos" me sinceró un día Herman Schwember.
Una frase de ese calibre sólo se le puede ocurrir a un tipo del "calibre" de Schwember. Este ingeniero, escritor y estudioso de Goya, publicó, entre varios libros, uno con el título "Yo Pecador"(!!) y otro sobre la expulsión de los Jesuitas. Como ven, el tema lo ronda... lo que Herman no sabe, es que yo, en lo de agnóstica creyente, le hago, firme, la competencia.
Educada en colegio de monjas, entre kyries y laudes, con discursos cabezudos acerca de porqué la transustanciación de la ostia ( y no la empanificación), la adoración al Santísimo los primeros viernes de cada mes, la misa semanal, el rezo diario, la prueba de la existencia de Dios según San Anselmo, y la Fe considerada requisito indiscutible y atributo indiscutido de todos quienes integrábamos la comunidad escolar, todavía pienso como católica y hasta parece que vivo como católica, aunque ya hace años que la cabeza me lleva por otros derroteros. Esa es la contradicción que vivimos quienes, aunque lejanos de la Fe, crecimos estructurados por ella. Sin darnos cuenta, permea insistentemente nuestra interpretación del mundo.
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