En un inesperado y grato e-mail, Pedro Hepp nos contaba algo que lo tenía orgulloso. Con pocas vueltas y sin usar lenguaje técnico o académico, contagiaba ganas de ayudar, de copiarse, de lograrlo: “Se puede! Se puede!” dijo, muy ufano.Escuché hablar del Sr. Hepp, buscando información dura sobre la situación de la educación en Chile. Me parecía raro que habiendo buenas bases de datos, no hubiese ya trabajos en hacerla digerible para todos. TIDE, la compañía de la que Hepp
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