Cuando un estadístico o un matemático trata de explicar como logra predecir bajo condiciones de incertidumbre la posiblidad que un evento suceda o no, los gráficos y símbolos matemáticos desfilan por la pizarra, incomprensibles para el público en general o para nuestros propios compañeros de trabajo, a cuyos ojos puede parecer que se trata de una especie de adivino que ha sustituido la bola de cristal por las ecuaciones.

Existe una frase muy famosa de Albert Einstein, el no podía creer que la realidad física fuese intrínsecamente aleatoria, este era el motivo por el cual repetía su frase célebre “
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