
Desde ayer circulo por la casa, acomodando cajas, guardando objetos sin mayor importancia, baladíes, como sombrillas y souvennir. Nada muy importante excepto los zapatos.
Limpio y acomodo en sus cajas a trocitos de suela adornados por perlas multicolores, finas cintas de cuero que apresaron suavemente mis tobillos, zapatillas delgadas, sandalias fantasiosas y doradas, tacones maravillosos.
Aparecen livianos botines, zapatos de taco de diversos altos, botas...
Miro mis pies; aún tiene el color moreno del sol y humildes como siempre, esperan mudamente la orden de mi cerebro para cumplir como siempre su incansable tarea.
¡Cuanto les
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