Nadie te dijo cómo iba a suceder, nadie tuvo la más minina delicadeza de advertirte; te lanzaron a ese abismo de su voz, de sus temores, de sus sueños y sus monstruos. Ahí estabas, qué le ibas a hacer, a dónde ibas a escapar. Nadie nunca te dijo nada, todos sabían, todos callaron, te vieron alejarte, entrar en él y dieron la media vuelta, encendieron otro cigarrillo y continuaron tranquilos. Era un vértigo, ese confuso mundo de un otro, un otro como tú, un mundo como el tuyo. ¿A dónde ir? ¿Cómo saber? Nadie te había dado brújula alguna. ¿El



Leonardo, ya déjate de tonterías