Encandilado sutilmente ante la luz tenue y profunda, que empapaba todas las superficies, que silencio transitaba en ese instante de hipnosis auto ingerida, dio la partida a un vago recuerdo: parado en la mitad de la noche, un niño, miraba la luna llena, que ocupaba el cielo entero, se apoderaba avasalladora entre las minúsculas estrellas y con lo ojos inmóviles impactados ante tal imagen, miraba como si fuera el mismísimo Dios flotando en lo cielos, entonces decidió amar tan hermoso instante y lo dibujo en sus ojos para que no se fuera a olvidar. Y en su sutil pasmo ante
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