El miércoles en la noche murió un Quijote. Uno al que tuve el privilegio de conocer y que nunca dejó de asombrarme. Santiago Agliatti Gambino. Cuando lo conocí usaba unas patillas largas que, en contraste con su cara rosada y cabellera blanca, y su robusta estampa, daban la impresión de un señor sacado de la época colonial. Cuando volví del exilio que viví por causa de El Libro Negro..., me invitó un día a conversar a su oficina. El estaba escalofriantemente muy bien informado de quién era yo y mi trabajo. Quería contarme la historia de cómo se vino abajo
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Desechos, mal olor, moscas y ratones es lo que se ve diariamente en los contenedores de basura de las esquinas de Arica.