‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ es mi película favorita. Sí. Sé que técnicamente hay muchas películas que en cuánto a cinematografía o trascendencia fílmica son bastante mejores. También estoy consciente de que, si me hago llamar un verdadero cinéfilo, mi película favorita debería ser una completamente desconocida para todo el mundo, seguramente un clásico de los ’30, ’40 o quizás ’50. Mi pregunta es, ¿necesariamente tiene que ser así? Y mi respuesta es: NO.
Y es que después de verla por sexta vez, uno se pregunta: “¿Hasta cuándo voy dejar pasar el tiempo y no reseñar mi película favorita?”. Para escribir esto necesito mucho valor. No quiero defraudar a nadie que ame tanto esta película como yo. Esto es lo que provoca ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ en mí. Este es mi pequeño gran homenaje a una de las mejores cintas contemporáneas que se hayan filmado.
A ‘El eterno resplandor de una mente sin recuerdos’ (‘Eternal Sunshine…’) siempre la he asemejado con un trago del licor más dulce que tus papilas puedan degustar. Un caramelo con ligeras explosiones de peta zeta. Agridulcemente bella. Hay quienes, como yo, se sienten más identificados con los personajes, con la particularidad de la situación. Para nosotros, los que vemos en esa alocada relación, más que un desesperado intento por mantener vivo el amor que cuelga de un hilo, resulta ser toda una declaración de honesto romanticismo nacido de dos corazones que mutuamente se necesitan más de lo que imaginan. Y es que a pesar de todos los artilugios que posee la narrativa, el concepto se mantiene intacto y es perceptible desde el primero momento.
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Dos historias paralelas que en la conclusión total del film se relacionan sutilmente, obteniendo ambas la intensidad emotiva característica de dichas situaciones. Situaciones que son tan comunes en la vida real, en nosotros mismos, tanto que nos llega a doler las decisiones que estos incipientes personajes resuelven. Inmaduros, inconsecuentes, inexpertos, humanos. Porque son unos niñitos, egoístas, que esconden el ardiente secreto sin medir las consecuencias, o porque sencillamente la simple exposición de la verdadera identidad atormenta a los demás. La intensidad de los sentimientos es sobrexpuesta causalmente, pero el hecho de ocupar tantos recursos humanos torna desde un principio inevitable el no sentir por lo menos una milésima de angustia. Sin embargo, si esta cinta hubiese tenido más precisión, tanto en si narrativa (con urgencia) como en la exploración de algunos de su personajes, probablemente estaríamos frente a una de las mejores películas del 2006, que no lo fue por supuesto.







