Me cuesta creer que alguien o algo que se llame Gustav pueda ser muy malo. La historia debe estar llena de ejemplos de personajes perversos con ese nombre, pero no, como que no pega. El asunto es que el huracán que se dirige ahora a Nueva Orleans se llama así y, por inofensivo que suene, más vale prevenir. De la ciudad han salido miles de personas, entre ellas mi hermana, que están a la espera de ver lo que pasa
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