Fausto viene a mi mente cuando pienso en industrialización, en la modernidad de aquellas grandes avenidas resbalosas, peligrosas para el caminante de bastón y sombrero, del que hablaba el filósofo Marshall Berman; fascinante para el poeta maldito Charles Baudelaire y sus descripciones de bajo mundo.
Opiniones hay tantas como ser humano consciente habite este mundo. Quiero destacar dos visiones respecto de nuestro modelo de vida. Una es la de un grupo de japoneses que adoran las construcciones industriales, mientras más grandes y añejadas mejor, y se entiende; estas construcciones son parte de la escenografía del cómic japonés y
Crecí usando jeans con esa etiqueta. Todos lo hicimos. Ropa, juguetes, pinches. En ese tiempo era sólo un lugar, parte de un universo impenetrable, inubicable y lo que es peor, inalcanzable.
Cuando mi marido me dijo que un headhunter lo había contactado para un trabajo allá, el nombre de la etiqueta volvió a mi mente. Ya como adulta le podía además agregar a su lado otros símbolos asociados a su nombre como “puerto, China, Inglaterra, libre mercado, modernismo”. Pero con vergüenza reconozco que no era mucho más lo que podía complementar.