"El que la U tenga su propio estadio, no es un sueño, sino una posibilidad concreta y un negocio redondo si es que se concibe desde una gestión con visión estratégica del futuro."
Por: Rolando Garrido Quiroz
Las recientes declaraciones de Federico Valdés, presidente de Azul Azul, en el Suplemento Deportes de El Mercurio (domingo 17 de febrero de 2008), grafica de manera evidente la estrecha visión y falta de creatividad que aún prevalece, aunque se trate de administradores S.A., para gestionar el fútbol como industria. Esto resulta más desalentador cuando asumen la dirección de instituciones que han vivido y sobrevivido de su universo simbólico en los peores momentos de su historia como lo es el Club de Fútbol Universidad de Chile.
Hoy en día, negocios y universos simbólicos van de la mano en la gestión del fútbol moderno. Lo sabe Boca Juniors, Colo Colo, el Real Madrid y cualquier club en el mundo que se precie de ser popular en su país como lo es el caso también de Universidad de Chile.
Nada esperanzador, ni práctico, ni lógico para el universo simbólico que representa la U, resultan las declaraciones de Valdés tanto para hinchas, adherentes y futuros accionistas S.A., señalando que “puede ser que la U nunca tenga estadio propio”. Más aún cuando los argumentos que esgrime son falaces e ignorantes, como por ejemplo que “haciendo de local en Viña o en Valparaíso estamos ampliando nuestras bases de hinchas en la segunda zona más importante del país”. Puede ser perdonable tal vez, que el planteamiento venga de un novato en el negocio del fútbol, ya que la U históricamente juega de local, no sólo en estas ciudades, sino a lo largo de todas las provincias de Chile donde se juega fútbol profesional. De ahí nace y se ha mantenido por años la popularidad de este club históricamente. Por lo tanto, nada nuevo bajo el sol.
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