"Los toros, esa fiesta sangrienta, atávica, cruel y...también noble y hermosa. La odié hasta que una mañana me levanté toro y pensé cómo preferiría morir: ... en medio de una plaza con la esperanza ínfima del indulto. Y el toro prefirió el toreo"
en ese instante sonó "En el Café de Chinitas" y junto al estoque una lágrima rodó, entonces me robé un cartel de los toros en Sevilla y lo pegué en mi cartelera y sin quererlo me sentí protagonista del verso "de una pedrada me cargué el cristal y

