No conozco en Chile ninguna calle que lleve el nombre del demonio. Ninguna calle de Satanás. Ninguna de Lucifer. Ninguna de los otros numerosos diablos menores que pueblan la dimensión del infierno. Ninguna calle ni plaza de Abigor, de Belzebú, de Abraxas, de Agalariept, de Alastor, de Bael...
Ninguna plaza que celebre al Señor de la Codicia, Aamon, otro habitante del infierno.Al menos en Chile, tampoco conozco ninguna calle de
Hitler, ni calle o plaza de Himmler, o de Goebel, ni otros chacales nazis.
Ni calle de Stalin, ni calle de Idi Amin Dada, ni plaza de Ceacescu, ni plaza ni calle de Pol Pot, ni rotonda de Milosevic, el dictador yugoslavo. Ni parque de Videla, el criminal argentino. Ni plazoleta de Batista, el tirano cubano.
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