Cuando comenzó el régimen militar, cuando se comenzó a abusar de la gente tan sólo por sus puntos de vista, se persiguió rigurosamente a los maestros de la expresión, a los artistas, escritores y periodistas. Para los militares era tanto más importante conservar el control de sus masas, que permitir el libre pensamiento y la libre expresión de sus sometidos. De hecho, permitirlo sería un riesgo.
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Según la Real academia de la lengua: