Lo mismo que el Endemoniado de Chillán ha observado en los últimos artículos en este blog, ocurre con la manera como usamos los términos "conocimiento" y "contenido": de una manera que se hacen peligrosos.
Al decir que tengo conocimiento de algo (o que sé algo), parece que creo tener algo en mi mente, ideas, conceptos, fórmulas, datos, información, o lo que sea que puedo catalogar como el "conocimiento". Luego ese concimiento o saber lo pongo en práctica, lo aplico a la ejecución de una acción determinada, y con eso demuestro cabalmente que tengo ese conocimiento a quienes ya poseen esas habilidades o pueden reconocerlas. El poseso sabe que al interpretar las cosas de esta manera, divido el mundo en dos: el mundo del conocimiento, que es un mundo etéreo de información y conceptos, y el mundo de mis acciones, que no es más que la aplicación que hago del primero con mi cuerpo. La prioridad está en el primero; se comienza por aprender acumulando conocimientos en la mente, los que, después, se utilizan o aplican a la ejecución de acciones y al desarrollo de habilidades.
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El Endemoniado de Chillán, después de un prolongado silencio, cree haber descubierto ciertas verdades valiosas que quiere comunicar. Ve sus manos llenas y quiere descargarse. Cree que hablar de estas cosas bien puede valer la pena en Chillán.