Querida hija:
Te pido perdón por no haberte escuchado en momentos que para ti era importante que lo hiciera.
Te aclaro eso sí, que yo a veces sí te escuchaba. Escuchaba tu ternura, tu cariño, tu imaginación, tus sueños, tu humor, tu belleza.
Lo que nunca supe escuchar de ti fue tu dolor.
Y ahora sí lo escucho.
Yo tuve la misma edad tuya y ¿sabes que?, era desordenado, insolente, arrogante, irresponsable. También era tierno, inteligente, simpático, soñador, perseverante….. como
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