
Te miro y concluyo: siempre te he visto igual: imperfecto, despreciable, inadecuado, no-admirable. Una burla. Desde el año uno hasta el año de ahora, un desperdicio.
Sólo logro disfrutarte a oscuras, pensando que no eres quien se deleita, si no que es mi piel, mi sangre, mis latidos, mis membranas, mis ganas.
Ahora, frente al espejo compruebo que no hay nada nuevo: todo sigue igual de mal, igual de feo, igual de ignorable, igual de inútil, igual de extraviado, igual de abandonado. (Read more)









