No es un misterio que los grandes artistas e intelectuales del planeta son personas solitarias, que logran expresar sus particulares mundos internos para transformarlos en legados de la humanidad. Y nosotros, los mortales, tomamos en nuestras manos sus artefactos para emocionarnos, asombrarnos, iluminarnos. No es poco.
Julio Cortázar no fue la excepción y dejó una de las obras más originales del siglo XX. Nuestro tío Julio -evidentemente un perro de dos colas, un can de extraño color y de raza muy rara, un perro tv- en este vídeo explica cuál era su relación con la soledad, cómo la vivía. Vaya
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