"Pero Tú perdonas a todos, porque todo es tuyo,
Señor, que amas cuanto existe".
Sabiduría 11, 26.
Es muy difícil, a veces, abrir nuestro corazón y ver en él toda nuestra maldad. Es duro descubrir que no somos cómo nos imaginamos, que día tras día cometemos acciones que nos dañan o dañan a los demás, o, cuando menos, a nuestro entorno.
En la actualidad, los gobiernos, los estudiosos y algunos sectores de la población mundial están angustiados por los daños
(Leer más)