Una de las razones de por qué me gusta Santiago es que puedes decidir entre una gran variedad de restaurantes para almorzar. La mayor parte de mi jornada laboral la paso en Valparaíso, y en el barrio del poder legislativo donde trabajo actualmente la oferta gastronómica es nula. No me queda otra que cocinar todos los días. Entonces por eso (y otras razones) me encanta Santiago apesar del smog y algunas personas que andan apuradas.
Hoy quise comer sushi y tenia hace tiempo la tincada de un pequeño boliche en la galería Agustín Edwards (compañia con bandera), entrando por calle compañia: Okasama.
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