Soy fan de la Plaza Ñuñoa y uno de mis boliches preferidos es el Ebano (lo comentaré en otra oportunidad). Pero este finde quise intentar algo diferente y crucé Irarrázabal para entrar al UVA, un wine bar que alguna vez tuve la oportunidad de visitar por pega, pero del cual aún no había probado la cocina. De partida, lo elegí por su buena ubicación y estética; sólo a unos paso de la Plaza y con una clara vocación por el arte, ya que exhibe en sus paredes obras de artistas emergentes y no tanto (por ahí divisé un Benmayor bien
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