Hace unos meses, conversaba con mi hermano y me preguntaba acerca de mi relación de pareja. Hace poco había nacido mi segunda hija, Colomba, y la conversación giraba en torno a mi voluntad de casarme, la cual está pero no tiene fecha.
En un arranque de locura, le dije que me gustaría casarme este año. En mi ese sólo fue una manifestación de interés, algo que lo dije en el fragor de una conversación de dos hermanos jóvenes y con algo de alcohol en el cuerpo. Con el tiempo me daría cuenta que para mi hermano, esas palabras no sonaron
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