Frecuentemente, me acecha un miedo bastante ridículo. Me imagino, con mi banda, sufriendo el horror más grande que se puede padecer sobre un escenario: que el show produzca un rechazo tal en la gente, que ésta haye como razonable comenzar a tirar todo tipo de objetos contundentes con tal de bajar a esos huevones fomes del pedestal de los artistas (una vez, en un recital de los Chemical Romance, se llegó al extremo de lanzar una bolsa con meado…notable).
Pero cuando me pongo a pensar detenidamente en el asunto, concluyo que difícilmente esto me pase sólo a mí, como integrante de una banda emergente. Las innumerables noches de tocatas, me recuerdan la cantidad de temores con que los cabros nos subimos al escenario a mostrar lo que con mucho cariño preparamos, ensayo tras ensayo. Temores que por cierto son naturales, pero que el respetable público no tiene por qué entender.
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