Nunca había estado en el desierto. Para mí, santiaguino de nacimiento y educación, pero sureño de raza y corazón, ver estos desolados paisajes me producía cierto desasosiego, preguntándome a cada rato cómo las personas podían vivir sin muchos árboles, sin lluvias, mucho calor, etc. Imaginé que, producto de estos áridos paisajes, la gente de acá no sería tan cálida como la del sur, tal vez sería más apagada, o incluso más triste.
Sin embargo, dicen que "lo que no te mata te fortalece". Y por mi experiencia como capacitador, mis salidas a encuestar, mis conversaciones callejeras, etc., me he dado
(Read more)

