Me distinguen la poca paciencia, la impulsividad y cierto cretinismo congénito, que me lleva a pensar que todo el mundo es capaz de entenderme. Pese a lo anterior y aunque suene contradictorio, mantengo por lo general un sentido crítico de las cosas, que me impulsa a analizar y poner todo en perspectiva. Sin obviar el hecho constante e indesmentible que la mayoría de las cosas me importan un carajo, lo cual no significa que no las haya previsto o calculado. Una excusa barata para mi conducta.
Prefiero relacionarme con las personas desde una postura de respeto y tolerancia. Pero por sobre todo con cordialidad y amabilidad. Caballero no soy, porque parece que se me perdió el caballo hace rato, sin embargo me puedo portar como gente con frecuencia.