Nací con la música de Schumann y pretendo morir en ella; sea prudente o no mi penumbra: amo lo femenino en la mujer, la música y la Ilíada. La vida es un placer, una muerte a cada paso diferida: una eudemonología pide a gritos mi antropología. a golpes de martillo pretendo hacer de la doctrina homérico-iliádica algo más que una forma de estar en el mundo: la quiero hacer cantar para mí.
amo occidente (creo que soy el único), amo su música: sus maderas, sus ciudades, sus reinos, su crepusculo y su nihilismo (del cual somos parte).
solo creo en la filosofía que se hace caminando, como un velsungo wagneriano: como un errante, como una aurora. mis aladas palabras, caras a Jove, solo saben de poco, y de otras cosas que se han dejado de enseñar.