Algunos sitios donde se ha escrito sobre porunojo
Del lado
de las piedras, recostado
en su
propio jardín, papá resuena
en sí
mismo. Hay en el centro de la casa
un
armario de doble puerta
que
tiene envidia de los árboles.
Eso papá
no lo sabe. No sabe nada,
sabe de
sí, se funde en sí, se
acerca
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Había vuelto a jugar con el gato. Sangraba, sonreía.
Lo que cae también le comunica con lo de arriba, invisible, sofisticado. Los ríos, cuando se dejan, pueden resultar más hermosos.
San Sebastián. Tarde, exterior.
El único que vuelve a casa, sin ser tocado, lleno de gloria y de armas enemigas. Ájax, luchaste para otros, has vuelto indemne, cubierto de gloria. Ni los hombres ni los dioses han marcado tu piel. Tuviste la oportunidad de ser el más grande, pero siempre
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Interior del interior. Debajo de la mesa.
Buscaba una foto, el tiempo se dilataba. Había entrado la luz hasta hacerse mate, hasta convertirse en lo que son las cosas: forma, extensión, margen. Lo que une y divide, depdende de dónde pongas la vista.
La mesa se había roto, algo habíamos
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La Rioja. Exterior. Noche.
Volvemos a casa y el campo y los trigales y el sueño y algo más que no se alcanza a ver con precisión nos acompaña, un palmo más, como una pedalada.
Esa figura no sigue allí.
No pude separarme
Esa pintura, esa cruz, un marco de los mártires, gradualmente, la pared continuada de una casa había quedado como lustre de una calle oscura. Daba el sol del atardecer, todo parecía más viejo, como si hubiese acabado y el solar estaba pendiente.
Toledo. Atardecer. La única piedra clara.
Sobre la grieta del muro, una funambulista, cruzada a una línea de hormigón. Arriba se agitan las ramas al sol. No es una agitadora, pero tampoco celebra. Pienso en el alimento que obtiene de entre los resquicios. Aún es verano.
Una miga. Escucha el diafragma de la cámara. Se detiene la pequeña lluvia.
Entre el aire y el cielo, atento.
Montijo, Extremadura. Verano, un maizal y el camino que lleva al cementerio, a una instalación deportiva, al resto de los campos.
Quizá salgamos a correr. Las nubes se evaporan según se forman. Miramos a un lado y ya no vuelven a aparecer. Sólo los tendidos eléctricos, firmados como un raso
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San Sebastián. Mar, interior.
Un paso antes del acantilado, el pino. Mirándolo al trasluz, alveolos. Los ojos oscuros, haciéndome señas.