Solo su respiración podía indicarnos que aun estaba vivo porque su corazón y su cerebro ya estaban petrificados;la frivolidad de su entorno lo había congelado total y completamente, el desamor lo iba consumiendo y la decepción ya lo había destrozado.
Mar, rodéame con tus enormes brazos, no me pegues tan fuerte con las olas y no dejes que la arena se deslice y desproteja mis pies cada vez que la corriente acecha, más bien mantente constante como las enormes rocas de la orilla, esas rocas son en las que confío, ... Leer más