Indiferente al inclemente clima que reinaba, subió (uno a uno) los peldaños de la escalera que le habíamos prestado. Una vez arriba, comenzó a pegar, despacio y sin equivocarse, los diminutos mosaicos que irían armónicamente formando el techo estilo oriental… todo con paciencia de chino. Nosotros, cansados como siempre, lo
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