Nací, crecí y algún día moriré, mi cuerpo se habrá cansado, mis manos ya no tendrán la misma fuerza y mis pies ya no llevarán la misma prisa.
En medio de todo eso, solo trato de hacer las cosas que el corazón me pide, es difícil a veces pues estas cosas distan mucho de lo que la sociedad espera de uno.
Trato de llegar a acuerdos con mi mente, que es una luchadora incanzable por encontrar la razón en todo, trato de entender el mundo y la época que me ha tocado vivir, también es difícil, pues a veces se puede convertir en un lugar muy frío e indolente.
En eso me la paso, tratando, logrando a veces y aprendiendo de las decisiones que uno toma, no hay malas o buenas, sólo hay que poner atención al momento en que se toman y cuánto afectarán para bien o para mal a los que nos rodean porque indefectiblemente aunque pocos lo vean, estamos más cerca el uno del otro de lo que muchos se imaginan.
El mundo es un lugar extraño y los seres humanos más aún, entonces quedarse parado mirando sólo la superficie no basta para al menos comprender un ápice de él.
Yo soy tú y tú eres yo, finalmente las diferencias son solo imaginarias, autoimpuestas y el camino para descubrirnos a nosotros mismos nos puede tomar más de una vida, el punto es, que aún es tiempo, pues este en relidad no existe.
Sólo espero que aprendamos a ser más de corazón y de hecho que de boca e imagen.
Y que al final de todo, cuando mi cuerpo quiera dormir alguien que me haya amado con todos mis defectos y virtudes sin tratar de cambiar nada, esté allí para decirme que fue un placer haber compartido un trazo de su vida conmigo, porque nacer, crecer vivir y morir no es todo, en medio de todo debe haber magia, descubrimiento evolución, y es nuestro deber descubrirlas.