En el verdor de los prados invernales,
rodeados de la brisa fúnebre,
del aleteo eterno de tus cabellos fecundos
las golondrinas emigrantes
se lanzan en picada contra mi corazón,
dejándolo destrozado,
humeante entre la humedad de la lluvia prodigiosa
de un Abril nefasto.
Los sonrientes vestíbulos de una tienda,
el
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