Bueno, vine en una nave de agua al poco tiempo de cumplirse el primer mes de democracia en mi país, el aroma a óleo era el perfume de mi madre, las cuerdas de una guitarra hacían la voz de mi padre y sus manos guardaban entre sus grietas oro y plata. Mi cuerpo no tiene aroma de óleos, mas bien es neutro, presto para que cada personaje pose en él, el suyo. Mi voz no es de guitarra pero solemos ser compañeras. Mis manos no guardan en ellas oro ni plata, son esclavas de lo que les ordene, son pequeñitas, fácilmente se acurrucan en las manos de quien las ame. Mis pies, ellos me llevan a recorrer los innumerables escenarios que a diario vivimos mientras mis ojos observan sigilosos las características de cada personaje que hay en ellos.
Mi escondite se puede ver a lo largo de mi país, y quien no lo ve... seguro lo conoce.