correr,
correr, correr…
las
manos se dibujan algo más allá del tacto, y crecen,
dudan
del suelo entendido por los pasos y abren más hondas las venas,
abren,
como flores que precisan más silencio que perfume, más oxígeno que savia,
abren
el capullo y quedan suspendidas en el aire, y
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