Fue inevitable, lo siento, volví a tropezar con la misma piedra, con tu mismo cuerpo, con tu mismas manos, con tu misma cama.
Y en el tropezón, volé por el cielo, me arrastré por la tierra, me revolqué de dolor, me llené de placer culpable.
Me encantaba ser tu público cuando tu decidías tomarte el escenario.
Entre una multitud multicolor, llena de flores, timbales y clarines, entre pasos firmes y alegres, entre voces cantando esperanzas, entre amigos y amigas nuevos, con el viento despeinando los peinados y refrescando las ideas, entre todas esas cosas, simplemente te apareces y me dejas desorientada, siento que la cara se
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