Philip Bowring, Herald Tribune
LA baja calidad del debate entre los principales
partidos de Australia parece haber sido una de las razones de por qué
ninguno obtuvo una mayoría en la elección del 21 de agosto. El
electorado reconoce, aunque incoherentemente, que tras una década de
crecimiento ininterrumpido y prosperidad, la nación enfrenta algunas
opciones difíciles. La más importante gira en torno de una palabra:
población.
Varios aspectos quedaron de manifiesto. El más obvio y políticamente
más potente es la tasa de inmigración, recientemente muy alta, incluso
para los estándares de una nación construida por inmigrantes. El
segundo es el
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