Eugenio Tironi, El Mercurio
Después de ver el video de esos 33 "coleguitas"
atrapados en la mina San José, uno sólo puede guardar silencio: para
escuchar su voz, para dejarse conmover y para rastrear qué hay de ellos
en nosotros; para ver si acaso almacenamos aunque sea una pizca de su
bravura, de su compañerismo, de su orgullo.
Fue necesario tener a estos compatriotas a 700 metros
bajo tierra para darnos cuenta sobre qué reposa Chile. Porque así es:
nuestra vida cotidiana y nuestra prosperidad descansan en el trabajo y
la abnegación de esos rostros a los que sólo vemos
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